August Corominas

Dr. August Corominas

August Corominas, profesor de Fisiología Humana de la Universidad de Murcia y de la Universidad Autónoma de Barcelona y académico emérito de la Real Academia Europea de Doctores (RAED), comparte con la comunidad académica el artículo «El ástato, nuevo elemento de importancia tecnológica«, en el que aborda la importancia de este material, considerado el más escaso y radiactivo de la Tierra. El académico ha compartido recientemente en esta publicación los artículos «El secreto de la longevidad en las ‘zonas azules'», «Atención a las caídas, de noche y de día», «La buena vida y la vida buena», «Vida biológica y vida cuántica», «Hospitales inteligentes», «Cosmonáutica y medicina espacial», «El maltrato y su gestión», «Biología cuántica», «El negro de Banyoles (bosquimano u hotentote)», «Polidactilia», «Adolescencia, edad crítica de la vida humana», «Las sirenas, ilusión de navegantes y hombres de mar», «Alimentación bíblica: alimentos puros y alimentos impuros», «Enfermedades raras», «Los famélicos en Gaza», «Sexología en la adolescencia y en la somatopausia (andropausia y menopausia)», «Ciberataques, ciberguerra y ciberseguridad», «Refugiados», «La maldad humana», «Geoestrategia de las tierras raras», Conciencia y omisión: la miseria del gobernante, «Plasticosis», Humanización y «La isla del doctor Moreau y los ‘therians’«. Además, es autor de uno de los capítulos del libro «Vitalidad al envejecer. Si lo deseas, puedes vivir más años con salud», editado por la Real Corporación con el apoyo de Vichy Catalán.

El ástato, nuevo elemento de importancia tecnológica

La tabla periódica no es solo un inventario de elementos químicos, sino un mapa de los límites de la materia, del tiempo y de la estabilidad. Entre todos sus componentes, el ástato (At) ocupa un lugar singular: es el elemento natural más raro de la corteza terrestre y, al mismo tiempo, uno de los más inestables. Paradójicamente, esta extrema fugacidad no lo condena a la irrelevancia científica, sino que lo sitúa en la frontera entre la finitud física y la esperanza terapéutica, especialmente en el ámbito de la medicina nuclear.

1. El ástato en la tabla periódica: un elemento límite.

El ástato es un halógeno con número atómico 85. A diferencia de otros elementos de su grupo, no posee isótopos estables. Todos sus núcleos se desintegran rápidamente mediante procesos radiactivos, lo que impide su acumulación natural en cantidades macroscópicas.

Se estima que en toda la corteza terrestre existen, en un momento dado, menos de unas decenas de gramos de ástato, formados transitoriamente por la desintegración del uranio y el torio. Esta condición lo convierte en un caso extremo de finitud material, donde la existencia es breve, fragmentaria y siempre al borde de la desaparición.

Desde el punto de vista químico y nuclear, el ástato desafía los modelos clásicos de comportamiento periódico, obligando a revisar conceptos de enlace, electronegatividad y estabilidad en elementos pesados.

2. Inestabilidad nuclear y conocimiento científico.

La importancia del ástato no radica en su abundancia, sino en su capacidad para iluminar los límites del conocimiento. Estudiar el ástato implica enfrentarse a:

  • La fragilidad del núcleo atómico.
  • El equilibrio entre fuerzas nucleares.
  • El tránsito entre materia y radiación.

En este sentido, el ástato funciona como un laboratorio natural de la inestabilidad, esencial para comprender cómo y por qué la materia se desintegra. Es un recordatorio de que la naturaleza no está diseñada para la permanencia, sino para el cambio continuo.

3. El ástato-211 y la medicina nuclear.

El aspecto más prometedor del ástato emerge en el ámbito médico, concretamente con el isótopo ástato-211. Este radionúclido emite partículas alfa, caracterizadas por:

  • Altísima energía destructiva.
  • Alcance extremadamente corto (micrómetros).

Estas propiedades lo convierten en un candidato ideal para la terapia alfa dirigida, una técnica avanzada de oncología de precisión. Al unirse a moléculas que reconocen células tumorales, el ástato-211 puede destruirlas eficazmente sin dañar el tejido sano circundante.

Aquí se manifiesta una paradoja profunda: un elemento que no puede sostenerse a sí mismo en el tiempo puede, sin embargo, sostener la vida de otros.

4. Finitud, medicina y ética.

Desde una perspectiva médico-existencial, el ástato simboliza la convergencia entre finitud y cuidado. Su uso terapéutico plantea preguntas éticas y filosóficas relevantes:

  • ¿Puede lo efímero ser más valioso que lo permanente?
  • ¿Es la inestabilidad una debilidad o una herramienta?
  • ¿Hasta qué punto la medicina moderna se apoya en procesos de destrucción controlada para preservar la vida?

La terapia con ástato-211 ilustra una ética de la precisión y la responsabilidad, donde el poder destructivo se canaliza con un fin reparador. Esta lógica se alinea con los principios de la salud planetaria, que exigen intervenciones mínimas, específicas y sostenibles.

5. El ástato como metáfora de la condición humana.

Más allá de su valor técnico, el ástato puede interpretarse como una metáfora de la condición humana:

  • Somos finitos, inestables y vulnerables.
  • Nuestra existencia es breve en términos cósmicos.

Sin embargo, incluso en esa brevedad, podemos generar impacto, sentido y cuidado. Así como el ástato apenas existe y, aun así, es crucial en contextos extremos, la vida humana encuentra su dignidad no en la duración, sino en la capacidad de transformar y proteger.

Conclusión.

El ástato representa uno de los ejemplos más claros de cómo la ciencia moderna explora los límites de la materia para responder a los desafíos de la vida. Elemento casi inexistente, inestable y condenado a desaparecer, se convierte paradójicamente en una herramienta de alta precisión contra el cáncer y en un símbolo potente de la finitud creadora.

En un mundo marcado por la fragilidad biológica y planetaria, el ástato nos recuerda que incluso lo más raro y efímero puede ser esencial. Comprenderlo es, en última instancia, comprender que la ciencia, la medicina y la ética convergen allí donde la finitud se transforma en cuidado.