August Corominas Vilardell

Dr. August Corominas

August Corominas, profesor de Fisiología Humana de la Universidad de Murcia y de la Universidad Autónoma de Barcelona y académico emérito de la Real Academia Europea de Doctores (RAED), comparte con la comunidad académica el artículo «Conciencia y omisión: la miseria del gobernante», una reflexión sobre la gestión de la Dana de la Generalitat valenciana, que acabó con la renuncia de su presidente, Carlos Mazón. El académico ha compartido recientemente en esta publicación los artículos «El secreto de la longevidad en las ‘zonas azules'», «Atención a las caídas, de noche y de día», «La buena vida y la vida buena», «Vida biológica y vida cuántica», «Hospitales inteligentes», «Cosmonáutica y medicina espacial», «El maltrato y su gestión», «Biología cuántica», «El negro de Banyoles (bosquimano u hotentote)», «Polidactilia», «Adolescencia, edad crítica de la vida humana», «Las sirenas, ilusión de navegantes y hombres de mar», «Alimentación bíblica: alimentos puros y alimentos impuros», «Enfermedades raras», «Los famélicos en Gaza» , «Sexología en la adolescencia y en la somatopausia (andropausia y menopausia)», «Ciberataques, ciberguerra y ciberseguridad», «Refugiados», «La maldad humana» y «Geoestrategia de las tierras raras». Además, es autor de uno de los capítulos del libro «Vitalidad al envejecer. Si lo deseas, puedes vivir más años con salud», editado por la Real Corporación con el apoyo de Vichy Catalán.

Conciencia y omisión: la miseria del gobernante

La conciencia de un gobernante que, por omisión, fue responsable de una catástrofe con 229 muertos, debería ser un peso insoportable. No lo fue. La Dana, ese estallido de agua y furia, encontró un territorio desprotegido y una gestión política ausente. La naturaleza avisó, los técnicos alertaron, y aun así la respuesta fue tardía, confusa, negligente.

El gobernante valenciano, lejos de asumir su deber, mintió. Mientras el agua arrasaba vidas y hogares, él comía acompañado en «El Ventorro», indiferente al drama que se gestaba. Agua y fuego: los enemigos naturales de la humanidad. Ambos requieren previsión, coordinación y liderazgo. Aquí no hubo ni una cosa ni la otra.

Un año después, en el pueblo sigue habiendo dolor, rabia y resistencia. Las familias no olvidan; las heridas del lodo permanecen abiertas. Durante aquellos minutos fatales -cincuenta minutos sin noticias de él- se perdió también algo más que el control de la emergencia: se perdió la dignidad del mando.

¿Dónde estaba? ¿Qué hacía? Podemos imaginarlo. La miseria moral del gobernante no se mide solo por lo que hace, sino por lo que deja de hacer mientras otros mueren. Y sin embargo, allí estuvo, en el funeral de Estado, con gesto grave y palabras huecas, frente a los féretros de sus víctimas.

El agua declaró la guerra sin enemigo. Y el gobernante, por omisión, traicionó a los suyos.