
Dr. Francisco López Muñoz
Francisco López Muñoz, catedrático de Farmacología y vicerrector de Investigación, Ciencia y Doctorado de la Universidad Camilo José Cela, académico correspondiente de la Real Academia de Medicina del País Vasco y de otras academias nacionales e internacionales y académico de número de la Real Academia Europea de Doctores (RAED), aborda destacados acontecimientos históricos que marcaron la historia de España en los artículos «Los Galindos: anatomía de un fracaso institucional. Lecciones criminológicas, judiciales y victimológicas medio siglo después», que firma junto a Francisco Pérez Fernández, profesor de Psicología Criminal e Historia de la Psicología de la Universidad Camilo José Cela en el último número de «Logos», revista científica de la Escuela de la Guardia Civil; «Henry Morgan: de contumaz corsario a fiel caballero azote de piratas», publicado también junto a Pérez Fernández en la última entrega de la serie «Piratas y corsarios» de «Proa a la mar», revista de la Real Liga Naval Española, y «El atentado terrorista de la plaza de la República Dominicana contra la Guardia Civil y el cambio de paradigma en la lucha contra ETA», aparecido en la sección de efemérides que publica la Academia de las Ciencias y las Artes Militares, de la que es miembro correspondiente.
En «Los Galindos: anatomía de un fracaso institucional. Lecciones criminológicas, judiciales y victimológicas medio siglo después», López Muñoz y Pérez Fernández analizan uno de los casos más oscuros y mediáticos de la España tardofranquista: el quíntuple homicidio del cortijo Los Galindos, ocurrido en Paradas, Sevilla, en 1975. Un caso que la justicia cerró en falso ante la acumulación de errores estructurales que hicieron imposible reconstruir una verdad procesal sólida. El artículo detalla cómo la contaminación temprana de la escena del crimen, la ausencia de protocolos criminalísticos básicos, la discontinuidad en la instrucción judicial, las contradicciones entre autopsias, la debilidad de la cadena de custodia y la proliferación de hipótesis sin filtrado científico desmantelaron cualquier posibilidad de esclarecimiento. A todo ello se sumó un contexto político e institucional marcado por estructuras policiales y judiciales desactualizadas, cierta politización y un modelo de investigación aún anclado en lógicas del pasado.
Por su parte, en «Henry Morgan: de contumaz corsario a fiel caballero azote de piratas», los dos expertos abordan la figura del célebre aventurero galés que pasó de ser uno de los bucaneros más temidos del Caribe a convertirse en caballero y teniente gobernador de Jamaica. Ante la cuestión de si era un criminal, señalan que la frontera entre corsario y pirata era difusa y dependía de la perspectiva política. Para los británicos, operaba con patente oficial y era un héroe; para los españoles, un pirata merecedor de castigo. Tras las protestas españolas, Morgan fue llamado a Inglaterra, pero terminó siendo aclamado, nombrado caballero en 1674 y convertido en alto funcionario colonial. En sus últimos años se dedicó a reprimir a los bucaneros que él mismo había comandado, adquirió plantaciones azucareras y ganó un juicio por difamación contra el cronista Alexandre Exquemelin. Murió en Port Royal el 25 de agosto de 1688. Los autores subrayan cómo su vida ilustra la ambigüedad legal de la época y cómo su figura fue mitificada tanto en la literatura como en el cine.
Finalmente, en «El atentado terrorista de la plaza de la República Dominicana contra la Guardia Civil y el cambio de paradigma en la lucha contra ETA», el académico rememora uno de los atentados más graves y simbólicos de la historia de la banda terrorista, que causó la muerte de 12 jóvenes guardias civiles, de edades comprendidas entre los 18 y los 25 años, y dejó casi 80 heridos. «Los medios de comunicación describieron el atentado como una muestra de la capacidad operativa de ETA en la segunda mitad de la década de 1980. Subrayaron la extrema violencia empleada contra un objetivo compuesto mayoritariamente por jóvenes agentes en formación, en una zona densamente transitada de la capital, y el profundo impacto emocional causado entre los ciudadanos madrileños. Desde una perspectiva estratégica, el atentado evidenció la evolución táctica de ETA hacia acciones de gran impacto psicológico y propagandístico, sembrando inseguridad entre la población y tratando de erosionar la confianza de la sociedad en la capacidad protectora del Estado democrático. Sin embargo, el efecto obtenido fue, en gran medida, el contrario, pues la respuesta social estuvo marcada por multitudinarias concentraciones de repulsa, manifestaciones de solidaridad con las víctimas y un fortalecimiento del consenso político y democrático en torno a la necesidad de aislar social y políticamente a la organización terrorista», explica el experto.
Reconocido divulgador de la historia contemporánea, la literatura española de los Siglos de Oro y la medicina y farmacología, López Muñoz es doctor en Medicina y Cirugía y doctor en Lengua y Literatura Españolas, especialista en Medicina Farmacéutica y diplomado en Estudios sobre el Holocausto por la Escuela Internacional para los Estudios del Holocausto de Yad Vashem, en Jerusalén. Es investigador del Instituto de Investigación Hospital 12 de Octubre de Madrid, miembro del Consejo Rector del Instituto de Investigación Sanitaria HM Hospitales y del Instituto de Estudios Medievales y del Siglo de Oro Miguel de Cervantes de la Universidad de Alcalá de Henares, vocal del Consejo de Ciencia y Tecnología de la Comunidad de Madrid, asesor científico del Comité Iberoamericano de Ética y Bioética, miembro del Comité de Observación del Observatorio de Derechos Humanos de España, del Capítulo Español del Club de Roma y miembro de honor de la Fundación Ghandi-Mandela. Ha participado en numerosas investigaciones y es autor de monografías y artículos en sus áreas de investigación. Recientemente ha sido nombrado de forma honorífica coronel de Kentucky y Guardia Civil Honorario, coincidiendo con el 25.º aniversario de la creación de esta figura, la máxima distinción civil del cuerpo, que se otorga de forma excepcional, y el pasado 20 de marzo fue reconocido con la Medalla al Mérito en la Ciberdefensa que otorga por la Asociación Profesional de Peritos de Nuevas Tecnologías.