August Corominas

Dr. August Corominas

August Corominas, profesor de Fisiología Humana de la Universidad de Murcia y de la Universidad Autónoma de Barcelona y académico emérito de la Real Academia Europea de Doctores (RAED), comparte con la comunidad académica el artículo «Humanización», en el que reflexiona sobre la condición humana y el rol social que ha hecho avanzar a la especie gracias a su conciencia y su moral. El académico ha compartido recientemente en esta publicación los artículos «El secreto de la longevidad en las ‘zonas azules'», «Atención a las caídas, de noche y de día», «La buena vida y la vida buena», «Vida biológica y vida cuántica», «Hospitales inteligentes», «Cosmonáutica y medicina espacial», «El maltrato y su gestión», «Biología cuántica», «El negro de Banyoles (bosquimano u hotentote)», «Polidactilia», «Adolescencia, edad crítica de la vida humana», «Las sirenas, ilusión de navegantes y hombres de mar», «Alimentación bíblica: alimentos puros y alimentos impuros», «Enfermedades raras», «Los famélicos en Gaza» , «Sexología en la adolescencia y en la somatopausia (andropausia y menopausia)», «Ciberataques, ciberguerra y ciberseguridad», «Refugiados», «La maldad humana», «Geoestrategia de las tierras raras», Conciencia y omisión: la miseria del gobernante y «Plasticosis». Además, es autor de uno de los capítulos del libro «Vitalidad al envejecer. Si lo deseas, puedes vivir más años con salud», editado por la Real Corporación con el apoyo de Vichy Catalán.

Humanización

Quiero invitarles a reflexionar sobre un tema que nos incluye a todos: la humanidad. No solo como especie, sino como condición moral, como capacidad de pensar, sentir y actuar.

Desde tiempos antiguos, filósofos como Aristóteles afirmaban que el ser humano es un animal racional, capaz de vivir en sociedad y buscar el bien común. Siglos después, Immanuel Kant defendía que cada persona tiene dignidad y debe ser tratada como un fin en sí mismo, nunca como un medio. Estas ideas muestran que la humanidad no es solo existir, sino actuar con conciencia y ética.

Sin embargo, cuando observamos la historia, vemos una dualidad constante. Por un lado, la humanidad ha logrado avances impresionantes: descubrimientos científicos, desarrollo tecnológico, conquistas médicas que han salvado millones de vidas. Hemos sido capaces de organizarnos globalmente, como ocurrió con la creación de la Organización de las Naciones Unidas tras una de las etapas más oscuras del siglo XX, buscando la paz y la cooperación entre naciones.

Pero, por otro lado, también somos responsables de guerras, desigualdad, discriminación y crisis ambientales. El mismo ingenio que nos permitió avanzar ha sido usado para destruir. La tecnología que conecta al mundo también puede dividirlo. Entonces surge la pregunta: ¿estamos realmente progresando como humanidad, o solo avanzamos en lo material mientras retrocedemos en lo moral?

La humanidad se encuentra en un punto crucial. Nunca antes tuvimos tanto conocimiento, tanta información, tanto poder. Sin embargo, ese poder exige responsabilidad. Porque ser humano no significa solo pensar; significa elegir. Elegir entre la indiferencia o la solidaridad. Entre el egoísmo o la empatía.

La verdadera medida de la humanidad no está en los edificios más altos ni en los dispositivos más modernos, sino en nuestra capacidad de compasión. En cómo tratamos a los más vulnerables. En cómo respondemos ante la injusticia. En cómo cuidamos el planeta que compartimos.

Tal vez la pregunta no sea si la humanidad es buena o mala por naturaleza. Tal vez la pregunta correcta sea: ¿Qué tipo de humanidad queremos construir? Cada generación tiene el desafío de responderla con sus acciones.

Hoy más que nunca necesitamos recuperar valores fundamentales: respeto, diálogo, responsabilidad y empatía. Porque el futuro no está escrito. Lo escribimos nosotros cada día con nuestras decisiones.

En conclusión, la humanidad es una mezcla de grandeza y fragilidad. Somos capaces de crear belleza, ciencia y esperanza, pero también de cometer errores profundos. El reto no es negar nuestras fallas, sino aprender de ellas. No es dejar de avanzar, sino avanzar con conciencia.

Ser humano no es solo pertenecer a una especie. Es asumir el compromiso de hacer del mundo un lugar más justo, más solidario y más digno para todos.