
Dr. Joaquín Callabed
Joaquín Callabed, presidente del Club de Pediatría Social, académico correspondiente de la Real Academia de Medicina de Cataluña y de la Real Academia de Farmacia de Cataluña y académico de número y vicepresidente de la Sección de Ciencias de la Salud de la Real Academia Europea de Doctores (RAED), protagoniza una entrevista publicada el pasado 29 de noviembre en la edición digital del diario «La Vanguardia», de cuya comunidad de lectores forma parte activa, en la que comenta alguno de los aspectos de su última publicación, «Las miradas de Goya a la infancia», así como algunos de sus estudios sobre el reconocido pintor aragonés.
En conversación con la periodista Claudia Fuentes, el experto reflexiona sobre la vigencia social de la obra de Francisco de Goya hasta el punto de plantear que, si el artista viviera hoy, seguiría denunciando a través de su pintura las injusticias que afectan a los más vulnerables, especialmente a la infancia. El presidente del Club de Pediatría Social recuerda que el pintor no idealizó la niñez, sino que mostró con crudeza la pobreza, la desigualdad y el sufrimiento infantil de su tiempo. A partir de esa mirada crítica, establece un paralelismo con la realidad actual, marcada todavía por la pobreza infantil y el maltrato de menores, y sostiene que estos problemas continúan siendo una asignatura pendiente de la sociedad. De ahí que, para el académico, esa sensibilidad y compromiso social de Goya lo llevarían hoy a seguir utilizando el arte como denuncia y como llamada de atención ante unas injusticias que, pese al paso de los siglos, no han desaparecido, si acaso se han matizado o transformado.
«Creo que todo lo que en aquel tiempo veía desigual, lo seguiría viendo ahora, aunque con otros matices. La guerra, la pobreza… en España hay muchos puntos donde aún hay pobreza infantil. Aún hay maltrato a los niños, y eso también lo podría seguir pintando a día de hoy. Creo que no se quedaría en las grandes ciudades, se iría a los extrarradios y seguiría retratando temas sociales y costumbristas», señala. Antes de esta última publicación sobre el pintor, Callabed había escrito numerosos artículos sobre su figura y su obra, muchos de ellos en la propia edición digital de «La Vanguardia», además de ofrecer diversas conferencias sobre la materia. Hace un año, en la RAED, abordó este mismo tema partiendo de los conocidos cartones para tapices del pintor, un conjunto de obras pintadas entre 1775 y 1792 para la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara en la que Goya reflejó escenas de juegos infantiles, retratos de niños de la nobleza y obras de temática social que combinan la alegría de la infancia con una aguda denuncia de las desigualdades de su tiempo.
Sobre su interés por Goya y, en general, por la pintura desde un ámbito como el de la pediatría, Callabed explica que una baja médica por un problema en la espalda le llevó a realizar algunas clases con la Agrupación de Acuarelistas de Catalunya. «Estuve allí algún tiempo, muy a gusto, y he hecho alguna exposición de acuarelas. Me gusta matizar que una cosa es pintar un cuadro y otra es ser un pintor», explica. A partir de ahí, valorar las artes plásticas y a relacionarlas con su interés por las humanidades y la historia en un sentido amplio fue un camino de tránsito sencillo. El origen aragonés del legendario pintor y sus propios conocimientos sobre la zona, además de unos ancestros compartidos, fueron un elemento más para centrarse en su estudio, explica.
En cuanto a la génesis del libro, en particular, apunta las personas y circunstancias que le han ayudado en su camino. «Hace un tiempo, el presidente de la Real Academia de San Luis hizo un recorrido goyesco en Zaragoza. Somos buenos amigos, como sabía que era pediatra y que yo ya había publicado artículos sobre Goya, me propuso hablar de la infancia en sus obras. Lo hice y tuvo buena respuesta del público, así que empecé a dar más conferencias sobre el tema. La información ha ido creciendo y ha salido el libro. Goya está muy tratado, se ha hablado de las guerras, de las majas… pero muy pocos se han fijado en esta faceta. Goya es un hijo de la Ilustración, y ésta dice que el niño es un sujeto personal irrepetible, que merece un tratamiento individualizado. Goya pinta, entre otros, juegos infantiles, pero no los ve sólo jugando; también hace crítica. Aparecen niños descalzos, con tiña en la cabeza, hay pobreza, guerra… y él lo pinta todo», concluye.