
De Guy Percival, en publicdomainpictures.net
Armand Puig, presidente de la Agencia de Verificación y Promoción de la Calidad de la Enseñanza en las Universidades y Facultades Eclesiásticas y académico en excedencia de la Real Academia Europea de Doctores (RAED), reflexiona en una entrevista publicada el pasado 8 de enero en la reconocida sección «La Contra» del diario «La Vanguardia» sobre la génesis de la basílica de la Sagrada Familia de Barcelona por parte de Antoni Gaudí, descartando que el proyecto surgiese del taller del emblemático arquitecto y emblema del modernismo catalán desde cero, y sitúa su origen en proyectos previos que ya contemplaban la construcción de un templo monumental. Puig ha abordado profusamente la figura y las creaciones de Gaudí en su reciente obra «Antoni Gaudí, vida y obra» (Arpa).

Dr. Armand Puig
En conversación con el periodista Lluís Amiguet, el autor recuerda que el proyecto original, iniciado en 1882, fue obra del arquitecto Francisco de Paula del Villar, quien planteó una iglesia de estilo neogótico, muy diferente a lo que después desarrolló Gaudí. Cuando el arquitecto de Reus asumió la dirección en 1883, adoptó el proyecto, pero lo transformó radicalmente, dotándolo de una ambición arquitectónica revolucionaria que lo convertiría en una síntesis de arte, geometría y simbolismo religioso. Puig destaca que Gaudí no solo cambió el estilo, sino que añadió un sistema estructural y conceptual absolutamente novedoso, basado en formas naturales y un uso pionero de estructuras hiperboloides, paraboloides y tensores que anticipaban las técnicas modernas.
El académico subraya que la Sagrada Familia es, por tanto, el resultado de un diálogo histórico entre diferentes ideas, influencias y etapas. El arquitecto original fijó la intención de construir un templo, pero fue Gaudí quien le imprimió una visualidad, un simbolismo y una lógica constructiva que la elevan a icono universal, abandonando el resto de proyectos y dedicándose en cuerpo y alma a este. «Abandona todas las demás obras y se queda con la Sagrada Familia, porque quiere que sea la máxima perfección posible sabiendo que él no la acabará, porque es imposible. Lo sabía y por eso decía que ‘el dueño de esta obra no tiene prisa’. Era consciente de que tenía que dar las pautas para que lo pudieran hacer bien sin él. Gaudí ya era consciente de que no se le resistía ningún proyecto. Y de que era capaz de dar a cada obra una personalidad propia, única e incomparable. Cuando comparamos la casa Batlló con la Pedrera vemos que no se parecen en nada, cuando solo pasan cinco años entre una y otra», explica Puig.
En este sentido, el académico considera que, pese a las dificultades materiales y financieras, incluidas las interrupciones por guerras y crisis, la obra siempre contó con una continuidad meditadamente reformulada por cada generación de arquitectos que siguió a Gaudí. El historiador rechaza las versiones legendarias que idealizan a Gaudí como un creador solitario y casi inspiradamente místico. En cambio, lo presenta como un profesional con sólida formación, conocedor tanto de la tradición gótica como de las corrientes constructivas de su tiempo, capaz de sintetizar saberes y tecnologías emergentes en un único lenguaje arquitectónico.
Por otra parte, Puig participará el próximo 12 de febrero en la segunda sesión del ciclo «Interpretaciones teológicas de la torre de Jesucristo de la Sagrada Familia» que organiza el Ateneo Universitario Sant Pacià con la ponencia «Eje eclesiológico de la torre», que impartirá junto a Joan Torra, rector del Ateneo. En las jornadas también han participado Jordi Faulí, arquitecto director de las obras del templo, y Francesc Torralba, director de la Cátedra Ethos de Ética Aplicada de la Universidad Ramon Llull y de la Cátedra de Pensamiento Cristiano del Obispado de Urgell, miembro del Dicasterio de Cultura y Educación de la Santa Sede y académico de número de la RAED. De hecho, a la hora de simbolizar el espacio interior de esta torre, la Comisión Teológica de las obras, en coherencia con toda la armonía de la basílica y el sentido de la torre, ha querido convertir el ascenso hasta la cruz mirador en una mistagogia, en un proceso de iniciación.

Antoni Gaudí
Puig fue rector del Ateneo Universitario Sant Pacià y del Seminario Mayor Interdiocesano de Cataluña hasta que fue nombrado por el papa Francisco máximo representante del organismo que vela por la calidad de los centros y enseñanzas en las universidades y facultades eclesiásticas de todo el mundo y trasladó su residencia a Roma. Antiguo párroco de la basílica de los Santos Mártires Justo y Pastor de Barcelona, el académico destaca por sus profundos conocimientos bíblicos y es autor de más de una decena de libros. Es doctor en Ciencias Bíblicas por la Pontificia Comisión Bíblica de Roma. Fue decano de la Facultad de Teología de Cataluña entre 2006 y 2015, de donde es profesor ordinario de Nuevo Testamento, y decano de la Facultad Antoni Gaudí de Historia de la Iglesia, Arqueología y Artes Cristianas entre 2014 y 2015.
A su labor docente e investigadora suma una gran capacidad divulgativa que desarrolla en todo tipo de conferencias dirigidas a un público general y mediante sus colaboraciones habituales en el diario «El Periódico» sobre temas de actualidad relacionados con la Iglesia en un sentido amplio. Los campos principales de su investigación bíblica han sido los evangelios sinópticos, los Hechos de los Apóstoles, la Primera Carta de Pedro y las versiones bíblicas catalanas medievales. Durante once años coordinó el equipo de traducción de la «Biblia Catalana Interconfesional», publicada en 1993. También ha publicado un estudio biblicoteológico sobre las «Homilies d’Organyà» (Barcino) y coordinó el libro «La terra i la llavor. L’Església catalana a l’inici del mil·lenni» (Proa). Su obra «Jesús. Un perfil històric» (Proa) ha alcanzado seis ediciones en catalán y ha sido traducida al castellano, rumano, portugués e italiano.