La respuesta cultural a un nuevo orden social y político donde el individuo pasa a un primerísimo plano. Así analiza Salvador de Brocà la estética del Barroco en su «Reflexión en torno al Barroco», su discurso de ingreso en la Real Academia de Doctores (RAD), que leyó ayer durante una solemne sesión que se celebró en Barcelona.
Para De Brocà, las manifestaciones artísticas que se producen en Europa entre los siglos XVI y XVII están estrechamente vinculadas al nuevo paradigma económico que se abre en esta época, a la crisis política que generó la implantación del protestantismo y a la consecuente evolución del pensamiento. «Si el Renacimiento se entiende como un proceso de idealización, una voluntad de gloria, de armonía excelsa, un reflejo de la divinidad, el Barroco representa en buena medida el desengaño de todo ello. Frente a los arquetipos, la cultura barroca potenciará el individuo, la existencia frente a la perfección», argumenta el nuevo académico.
«Por otra parte -prosigue- esos años son especialmente convulsos por un cambio de relevancia, el triunfo del espíritu crítico sobre el principio de autoridad. Es una época de recuperación económica con reaparición del oro en el mercado, con la prosperidad del comercio y la manufactura, y de la constitución de la ciencia moderna de la mano de Newton».
Doctor de Filosofía y Letras, De Brocà es miembro de la Societat Catalana de Filosofia y de la Reial Acadèmia de les Bones Lletres. Ha sido profesor de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona y del Instituto Superior de Ciencias Religiosas del Arzobispado tarragonense y es autor de una decena de libros de referencia sobre filosofía e historia del pensamiento.
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