Miquel Ventura
Biólogo, director de la Fundación Mar y colaborador habitual de la Real Academia Europea de Doctores-Barcelona 1914 (RAED)

Miquel Ventura, director de la Fundación Mar y colaborador habitual de la Real Academia Europea de Doctores-Barcelona 1914 (RAED), presenta a la comunidad académica el informe de actividad de la estación Silmar de la Mar Bella, un proyecto de salvaguarda del medio marino del litoral barcelonés y de otras zonas costeras catalanas que asumirá también la Real Academia de acuerdo a un convenio firmado entre ambas instituciones (ver el Proyecto Silmar). La Fundación ha proyectado la instalación de 22 estaciones de control repartidas entre Cataluña y Baleares, aunque por ahora sólo funcionan las cinco primeras, ubicadas en Cadaqués, Palamós, Platja d’Aro, Barcelona y Sant Feliu de Guíxols. Las estaciones permiten cartografiar el fondo marino en tres dimensiones y trabajar en cada punto gracias a la tecnología 3D para seguir su evolución.

Miquel Ventura

Miquel Ventura

Los datos de la estación de Barcelona que ahora se presentan muestran cómo frente a la playa de la Mar Bella viven estrellas de mar y otras especies que presentan contaminantes químicos, microfibras, microplásticos y otras sustancias nocivas para la vida marina que afectan a la cadena alimentaria; cómo aún se encuentran latas de aluminio en el fondo del mar, pese a ser un material fácil de reciclar; cómo en el espigón de Bac de Roda se encuentra un pequeño ecosistema de algas, gusanos poliquetos, esponjas de mar y cangrejos, o cómo especies comunes en otras zonas del litoral catalán tratan de subsistir en un entorno contaminado por la acción del hombre.

«La arena que observamos en la estación Silmar de la Mar Bella y también en las playas colindantes de esta zona de Barcelona proviene de un proceso natural de erosión geológica del suelo que durante miles de años ha ido dividiendo la roca originaria en partículas pequeñas o gránulos. El efecto de la agricultura durante los últimos 500 años y la erosión del suelo por el desarrollo humano ha acelerado este proceso. Las lluvias que drenan en ríos (cuenca del besos), torrentes y riachuelos facilitan la aportación de arenas y sedimentos al mar. El mal llamado desarrollo humano conlleva que sustancias artificiales formen parte del sedimento, así plásticos, microplásticos, microfibras e infinidad de otros materiales contaminantes infestan el entono donde vivimos. El estudio de las características y de la composición de la arena es un registro para descifrar el origen y estado actual de este hábitat», explica el informe junto a una muestra de estos fondos marinos.

Para Ventura, uno de los principales problemas que afronta la salud de la vida en el mar, y especialmente en las proximidades de las zonas urbanas, radica en que sólo un 0,26% del Mediterráneo tiene algún grado de protección, que a veces no se lleva a cabo, y cifra en al menos un 20% la superficie marítima que debería estar protegida para salvaguardar con una mínima garantía su futuro. «En 2015, los líderes mundiales se unieron para acordar unos objetivos globales que terminen con la pobreza, protejan el planeta y aseguren prosperidad para todos. De ahí sale la Agenda de Desarrollo Sostenible hasta 2030 con 17 objetivos. Transformar nuestro mundo debe implicar a todo tipo de actores para el cambio: gobiernos, empresas, sociedad civil y personas individuales y para que esto sea posible, cada uno de nosotros debe formar parte del cambio», concluye este informe.

 

Ver el Proyecto Silmar