
Dr. Joaquín Callabed
Joaquín Callabed, presidente del Club de Pediatría Social, académico correspondiente de la Real Academia de Medicina de Cataluña y de la Real Academia de Farmacia de Cataluña y académico de número y vicepresidente de la Sección de Ciencias de la Salud de la Real Academia Europea de Doctores (RAED), comparte con la comunidad académica una nueva serie de artículos en los que retoma su erudición y fascinación por Italia y su legado cultural y científico. Se trata, en concreto, de «El movimiento artístico de la Escuela de Siena», «Las aportaciones más importantes de Florencia a las humanidades y a las ciencias», «La Academia Pontaniana de Nápoles» y «La fascinación de Nápoles«, publicados entre los pasados meses de junio y julio en la sección «Lectores expertos» de la edición digital del diario «La Vanguardia», de cuya comunidad de lectores forma parte activa.
En «El movimiento artístico de la Escuela de Siena», el experto repasa la historia de un movimiento artístico fundamental en los albores del Renacimiento italiano, entre los siglos XIV y XV, una evolución sutil del arte gótico y la tradición bizantina. «A diferencia del naturalismo tridimensional y rotundo de Florencia, con el Giotto, el estilo sienés humanizó los rostros y aportó profundidad, pero mantuvo una marcada elegancia lineal, fondos dorados y un lirismo decorativo. La Escuela Florentina sentó las bases del Renacimiento mediante la ciencia, la anatomía y la perspectiva tridimensional. La Escuela Sienesa se mantuvo fiel a la espiritualidad gótica y al refinamiento lírico. Mantuvo la llamada ‘resistencia gótica'», resume.
Por su parte, en «Las aportaciones más importantes de Florencia a las humanidades y a las ciencias», Callabed recuerda cómo el humanismo florentino transformó la mentalidad europea al desplazar el teocentrismo medieval. «Su impacto sentó las bases de la modernidad al revalorizar la razón, la cultura clásica grecolatina y el potencial humano, influyendo en el pensamiento, la educación y el arte en todo el continente. Florencia se convirtió en la cuna del humanismo gracias al florecimiento de las artes liberales y al apoyo de grandes mecenas. También son muy importantes sus aportaciones a las ciencias en astronomía, matemáticas, sociedades científicas, ingeniería y ciencias naturales», señala antes de citar a algunas de sus figuras clave.
En «La Academia Pontaniana de Nápoles», el presidente del Club de Pediatría Social presenta el que considera uno de los primeros y más influyentes focos del humanismo renacentista en el sur de Europa. «Fundada originalmente a mediados del siglo XV bajo el auspicio del rey Alfonso V de Aragón, esta institución revolucionó el panorama intelectual al transformar las tertulias informales en una estructura académica dedicada a la reflexión científica, literaria y artística. Nacida en la corte aragonesa con el nombre de Porticus Antonianus, fue instituida por el poeta e historiador humanista Antonio Beccadelli, conocido como ‘il Panormita'», rememora.
Finalmente, en «La fascinación de Nápoles», el académico aborda la historia de una ciudad en la que la convergen la cultura griega, el orden romano y el legado español, celebrando una reciente visita. «Según la mitología, Parténope, hija de Caliope y del río Aquiloo, fue condenada por los dioses por no haber sabido seducir a Ulises y fue a morir a las costas de Nápoles. Roma dejó allí intactas su lengua y su cultura. César Augusto, Cicerón y Nerón quedaron fascinados por este vestigio de cultura helénica que siguió viviendo ante sus ojos. Alfonso V de Aragón llegó a estas tierras en 1443 y entró con su corte de humanistas. En su biblioteca se reunían celebridades como Lorenzo Valla y Antonio Beccadelli. Cada día se leía a los clásicos. Fue el origen de la Academia que pasó a llamarse de Pontano. El rey Alfonso también quedó seducido por esta tierra», concluye.
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