Sheldon Glashow
Premio Nobel de Física en 1990 y académico de honor de la Real Academia Europea de Doctores-Barcelona 1914 (RAED)

Entrevista publicada en el suplemento «Medicina» del diario «El País» el 17 de octubre de 2020

Dr. Sheldon Lee Glashow, Premio Nobel de Física en 1979

Dr. Sheldon Lee Glashow, Premio Nobel de Física en 1979

Sheldon Glashow, premio Nobel de Física y académico de honor de la Real Academia Europea de Doctores-Barcelona 1914 (RAED), aborda en una entrevista publicada el pasado 17 de octubre en el suplemento «Medicina» del diario «El País» los descubrimientos científicos hallados por pura casualidad, lo que viene a denominarse la serendipia de la ciencia. «Lo fascinante de la ciencia es que puedes pensar algo y la evidencia te dice lo contrario, por lo que tienes que cambiar tu idea preconcebida. Y puede suceder varias veces en la vida», inicia su reflexión.

El Nobel parte del descubrimiento accidental de la radioactividad por parte de Henri Becquerel​, a quien un día nublado y el uso fortuito de sales de uranio en un experimento le permitió no poder demostrar la hipótesis en la que trabajaba y, de paso, abrir los ojos a una nueva realidad. Aunque enumera muchos más, como la penicilina, descubierta por Alexander Fleming también por casualidad, o la radiación infrarroja y la ultravioleta, descubierta por William Herschel en 1800, cuando estaba estudiando la luz solar dispersada por un prisma. Colocó termómetros en cada color de la luz y otros de control. Un termómetro que resultó estar más allá de la parte roja del espectro y que registró una temperatura alta y así descubrió, por casualidad, una forma de luz fuera del espectro visible: la radiación infrarroja.

También fueron descubrimientos accidentales los Rayos X, cuando Wilhelm Conrad Röntgen trabajaba en unos experimentos con los rayos catódicos y, por azar, observó cómo una lámina de cartón impregnada en cianuro mostraba fluorescencia. Röntgen lo difundió entre la comunidad científica y llamó a su descubrimiento Rayos X porque no sabía muy bien su origen.

En ámbitos cotidianos, el académico honorario explicó cómo el descubrimiento de la sacarina por parte del químico Constantin Falhberg también fue fruto del azar. El investigador se olvidó de lavarse las manos después de un experimento y al llevarse los dedos a la boca sintió un extraordinario sabor dulce. En el caso de Michael Sueda, la casualidad hizo que dejase un cigarro que estaba fumando encima de una mesa de laboratorio donde trabajaba buscando un antifebril y al volver a fumarlo sintió un extraordinario sabor dulce, el ciclamato.

Accidentales fueron también el descubrimiento de la Viagra en 1992, durante unas pruebas efectuadas con un fármaco contra la angina de pecho. El LSD, descubierto por un químico suizo Albert Hofmann, apareció cuando trataba de purificar los compuestos producidos por el cornezuelo de centeno para evitar las hemorragias que se producen tras el parto.

Glashow ya trató éstos y otros descubrimientos científicos accidentales en el ciclo «La ciencia vista a través de los ojos de Premios Nobel», que se celebró el año pasado en el CosmoCaixa de Barcelona organizado por la Obra Social La Caixa y la RAED. Glashow, precisamente, pronunció la conferencia de clausura, «Descubrimientos accidentales en la ciencia», en la que ofreció interesantes ejemplos de cómo algunos de los más importantes descubrimientos de la ciencia se han debido a factores accidentales.

 

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