Francesc Torralba
Director de la Cátedra Ethos de Ética Aplicada de la Universidad Ramon Llull y de la Cátedra de Pensamiento Cristiano del Obispado de Urgell y académico de número de la Real Academia Europea de Doctores-Barcelona 1914 (RAED)

Francesc Torralba, director de la Cátedra Ethos de Ética Aplicada de la Universidad Ramon Llull y de la Cátedra de Pensamiento Cristiano del Obispado de Urgell y académico de número de la Real Academia Europea de Doctores-Barcelona 1914 (RAED), participó en el Encuentro de Rectores y Formadores de Seminarios Mayores que se celebró online los pasado 17 y 18 de octubre organizado por la Comisión Episcopal para el Clero y Seminarios y la Subcomisión Episcopal para los Seminarios bajo el lema «El seminarista en la era digital: la formación online y las relaciones interpersonales». La cita alcanzó este año su 49.ª edición.

El encuentro partía de la base de que los jóvenes que entran en los seminarios son ya nativos digitales. «No sólo usan los instrumentos de comunicación, sino que estos configuran su personalidad, su forma de ver la realidad, de relacionarse con los demás, de buscar respuestas a sus preguntas y de llenar sus vacíos afectivos», señalaron los organizadores. En este sentido, Torralba señaló que  existe «una creciente tecnoadicción, una adicción a la tecnología que es ya una patología, con síndromes de dependencia y abstinencia cuando no se está en ese entorno, y que en nuestros días es muy difícil construir la personalidad en el mundo digital, dada la pluralidad, el caos, la hiperestimulación y la dispersión que genera».

«Hoy, los grandes gurús de Sillicon Valley, que son los padres de estos enormes mundos digitales, no llevan a sus hijos a entornos digitales: son, por el contrario, partidarios de una formación clásica, moral, textual, escrita, para construir su personalidad», destacó el académico en su intervención.

Sobre cómo debe ser la presencia de la Iglesia en el universo digital, Torralba indicó que debe ser una presencia abierta, cálida y de identidad. «El valor de la hospitalidad es inherente a la condición cristiana. El hermetismo es antievangélico: la finalidad es irradiar hacia afuera eso que creemos pero, además, ser capaces de recibir a quienes están cansados, hastiados, o simplemente requieren atención o necesitan una razón de ser o de vivir», explicó en una intervención recogida por el portal especializado revistaecclesia.com.

«En el mundo digital, además de mucho ruido que genera desorientación, desinformación, inseguridad y más caos, hay también mucho nomadismo (personas que van de un ‘influencer’ a otro en busca de ayuda y que son engañadas y manipuladas) y mucha soledad. Antes, cuando uno sufría una crisis personal, se acercaba a un amigo, al cura del pueblo, a una persona que le mereciera especial confianza, y le abría su corazón. Hoy esa necesidad o sed de sentido se genera en la red. Allí hay personas que tratan de ofrecer respuestas, a veces atrincheradas en tradiciones espirituales orientales (budismo, taoísmo, sintoísmo), a veces simplemente a partir de una psicología humanista… Y ello nos exige estar muy atentos. El Papa nos exige que salgamos de nuestros lugares habituales», destacó.