Enrique Sada
Historiador y colaborador habitual de la Real Academia Europea de Doctores-Barcelona 1914 (RAED)

Artículo publicado en el portal especializado «Código Libre» el 4 de marzo de 2021

El historiador mexicano Enrique Sada, colaborador de la Real Academia Europea de Doctores-Barcelona 1914 (RAED), aborda en el artículo «Crónica de un desastre anunciado: la reunión Biden-López», publicado en el portal especializado «Código Libre» el pasado 4 de marzo, la reunión que mantuvieron unos días antes el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, y el nuevo presidente de Estados Unidos, Joe Biden, la primera desde que este último ha tomado el relevo al frente de la Casa Blanca. Para Sada, el encuentro resultó infructuoso para los intereses mexicano, ya que no se esbozó ningún acuerdo pese a que López Obrador sacó a relucir dos importantes intereses de su país: el acceso a más vacunas y la necesidad de regulación de los inmigrantes mexicanos que viven y trabajan en Estados Unidos.

Joe Biden y Andrés Manuel López Obrador

«Luego de entrevistarse con su homólogo canadiense, a pocos minutos del encuentro virtual con el mexicano, la Casa Blanca informó que, contrario a una de las ocurrencias de López, quien planteó mendigarle vacunas a aquel Gobierno, no van a compartir vacunas salvo con sus propios ciudadanos, con lo que de antemano se le cerró con la puerta en la cara esta y cualquier otra solicitud, tal como la de pedir migración legal para trabajadores mexicanos: algo que en campaña y después de electo, el inquilino del Palacio Nacional de México presumía que nunca se vería en necesidad de solicitar», resume Sada en su artículo las conclusiones del encuentro.

Para el historiador, hasta ahora la diplomacia mexicana había demostrado un buen manejo de estas relaciones con el vecino del norte. Sin embargo, en esta ocasión el mandatario mexicano pareció acudir a la primera cumbre con su nuevo homólogo estadounidense sin una agenda clara ni ninguna contraprestación que negociar. «La importancia de las cumbres y reuniones entre jefes de Estado radica lo mismo en la necesidad de llegar a acuerdos como en la de dirimir diferencias. En este apartado, México había conseguido cierta aura de prestigio desde el siglo XIX no tanto por sus políticos sino por la labor de sus diplomáticos quienes, a diferencia de los primeros, salvaron al país con sus gestiones incluso de desaparece», señala. En este caso, por el contrario, «terminó la reunión sin ningún acuerdo ni beneficio: quedando los mexicanos con las manos vacías, y el gobierno con el fracaso y la vergüenza; como no se había visto desde el siglo anterior», concluye el colaborador de la Real Academia.

 

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