Ramón Ricardo Vidal y Plana
Doctor en Ciencias Biológicas y en Farmacología Aplicada, especialista en Biología Molecular (Organización Europea de Biología Molecular-Universidad de Tromsö) y académico correspondiente de la Real Academia Europea de Doctores-Barcelona 1914 (RAED)

Ole Thorson
Doctor en Ingeniería Civil y reconocido experto internacional en temas de transporte, movilidad y seguridad vial

Celso Javier García Toribio
Humanista

El conocimiento desmiente la teoría del complot

Dr. Ramón Ricardo Vidal y Plana

Dr. Ramón Ricardo Vidal y Plana

A mediados de marzo fuimos espectadores de la proliferación en los medios de comunicación de rocambolescas  teorías gratuitas sobre un presunto origen del coronavirus que provoca la enfermedad Covid-19 en un laboratorio cuya supuesta misión sería la de aterrorizar y aniquilar la humanidad. Una de las primeras hipótesis, basada en una cierta semejanza entre la estructura del nuevo virus y el virus de la inmunodeficiencia adquirida (VIH), fue rápidamente desmentida.

Una serie de diálogos cruzados entre varios académicos miembros de la RAED, entre los cuales, Maria Àngels Calvo, Joaquín Callabed y Ramón Ricardo Vidal y Plana nos fortaleció en la convicción que se trataba de noticias falsas que parecían obedecer a objetivos poco respetuosos del riguroso conocimiento científico. Tal convicción estaba en acuerdo con el parecer de investigadores del CReSA (Centro de Investigación en Sanidad Animal) especializados en virología y de los expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En tal situación, unas declaraciones alarmistas del polémico cardenal srilanqués, obispo de Colombo, Malcolm Ranjith, recogidas el 18 de marzo 2020 en el Vaticano por la periodista Franca Giansoldati,  fueron publicadas y difundidas el 19 de marzo por la edición digital del diario romano «Il Messaggero».

Cardenal Malcolm Ranjith

Cardenal Malcolm Ranjith

El cardenal Ranjith declaraba: «Estoy personalmente convencido que el coronavirus es el fruto de experimentos realizados por una nación rica y poderosa. Algunos virus de los que se habla en estos días son el producto de experimentos sin escrúpulos. Debemos combatir este tipo de experimentos que conducen como resultado a la pérdida de vidas y son causa de dolor y sufrimiento para toda la humanidad».

«Este tipo de investigaciones no son realizadas por personas de países pobres, sino en laboratorios de países ricos -proseguía-. Producir esto es un crimen muy serio para la humanidad. Pido al Señor conseguir revelar quien ha difundido este veneno. Pienso que las Naciones Unidas tienen el deber de activarse para comprender cómo se ha generado todo este incidente y castigar a los responsables. Estas investigaciones deberían estar prohibidas».

Las declaraciones del cardenal contravienen el precepto bíblico de «dar a Dios lo que es de Dios y a César lo que es de César» e  incurren en una gran irresponsabilidad, al dar por sentado que una nación importante es la causante del problema que aqueja la humanidad y ello sin facilitar los datos en que basa su afirmación. Sorprende que una intervención de tal calibre provenga de un clérigo situado en primer órden de la jerarquía vaticana, a quien se le supone inteligencia, cultura y mesura, así como dotes diplomáticas.

La víspera de tales declaraciones injustificadas y tendenciosas, el 17 de marzo, la revista «Nature Medicine» (www.nature.com/naturemedicine) había ya desmentido tales teorías en un artículo científico titulado «The proximal origin of SARS-CoV-2», rigurosamente documentado, basado en la biología molecular, ilustrado por una imagen que compara las secuencias de DNA. Dos de ellas son de coronavirus humano, de las cuales una corresponde al causante del Covid-19, tres a coronavirus de murciélago y una de coronavirus de pangolín.

El resultado, ilustrado en el artículo, evidencia que el actual virus del Covid-19 está estrechamente emparentado con otros virus del pasado pertenecientes a la misma familia, con pequeñas diferencias significativas, probablemente debidas a mutaciones espontáneas. Ninguna evidencia sugiere que haya podido ser obtenido en laboratorio. Lo que hoy queda todavía por determinar es si estas mutaciones ocurrieron cuando el virus se hallaba en un animal huésped, como por ejemplo el murciélago o el pangolín, o cuando, a partir de una de estas especies animales, había ya infectado al hombre.

El malestar psicológico

En el caos informativo de estos días, en el que la angustia ciudadana se entremezcla con el deseo colectivo de encontrar una solución, es más importante que nunca que la población pueda entender lo que dicen exactamente los estudios científicos.

La situación de confinamiento en el hogar implica un cambio sustancial en la vida y costumbres de toda la población. Es el momento de activar la inteligencia emocional, ya que en condiciones estresantes como el confinamiento se activan emociones en lugar de hacer un análisis lógico de la situación.

El confinamiento ha demostrado muy claramente que la bajada de movilidad en calles y carreteras comporta una aportación a disminuir seriamente la contaminación, tanto del aire como a nivel sonoro. Esta disminución reducirá sensiblemente la presión sobre la salud del ciudadano. Si la contaminación baja un 50 %, el número de afectados por la contaminación se reduce en un porcentaje mayor. Si mueren prematuramente 8-10 ciudadanos al día por la contaminación (mala calidad del aire y ruido) es probable que esta cifra baje a 4-5 muertes prematuros por día.

Al mismo tiempo se reduce drásticamente -por menor circulación y menos prisa- el número de siniestros con víctimas, así también la gravedad de los heridos. Se puede pronosticar que de la media de 500 heridos al día en las vías de España se pasará estos días a unos 250 heridos/día o menos. Y de 5 muertos/día a 2 mientras dura el confinamiento. Es importante hacer entrar estas cifras en una valoración global de los efectos del confinamiento en relación al virus. Podemos ver que el tamaño de cifras de afectados en los dos casos (virus-movilidad) son comparables, cosa que la sociedad debe tener en cuenta al volver a la normalidad sanitaria.

Los futuros hábitos de comportamientos

Ante la emergencia climática, muy en el debate reciente, hay un convencimiento entre las organizaciones internacionales, parte de los gobiernos y de ciudadanos en que se necesita una mejor calidad del aire. Los cambios reciben reacciones en contra y es posible que la emergencia sanitaria del coronavirus ayude a abrir la mente de la gente a esta necesidad de cambio.

Hemos visto recientemente en Barcelona que cambios en la movilidad como cierre de calles los fines de semana se aceptan con cierta tranquilidad, una situación que habría recibido violentas reacciones hace solamente una década. Es necesario trabajar en módulos de educación que nos puedan ayudar a consolidar cambios necesarios. Estos cambios se basarán en criterios humanos, ética, responsabilidad, otro reparto igualitario de los bienes y calidad humana en las ciudades.

Dos conceptos que chocan son la libre circulación para ir cada día más lejos y el denominado kilómetro cero. La libre circulación ayuda a contaminar los cuatro rincones del mundo sin control y restricción. Una epidemia como la del actual coronavirus viaja con las personas libremente y es sumamente complicado poner vallas al campo si no disponemos de reglas pensadas de cómo actuar. Lo hemos visto en otra situación como la inmigración de millones de refugiados. Los acuerdos de Schengen son probablemente demasiado rígidos. Terminada la primera crisis, Europa no ha demostrado fuerzas para abordar el problema y está sugiriendo una segunda etapa, sin nuevas y flexibles reglas.

El consumo de bienes de proximidad contradice la libertad de movimiento. En el consumo con responsabilidad no es válido transportar una mercancía casi gratis alrededor de la tierra. El precio del transporte no se ajusta a las necesidades del respeto a la tierra y a un comportamiento sostenible. No debes consumir más de lo necesario, aunque puedas pagarlo.

Los valores de la educación

La responsabilidad social es un tema esencial en la educación junto con el concepto de que tu libertad empieza donde termina la del otro. Los conceptos de consumo de cercanía (kilómetro cero) deben estar presentes en la educación. Lo mismo que la enseñanza de autolimitación de actos que pueden ser dañinos para la humanidad.

Es necesario crear mecanismos de control de protección de la vida humana que permiten (cuando se detecte necesario) restringir la libre circulación. El ejemplo del coronavirus no persiste como educación de por sí. Hay que sacar experiencias de allá donde falla el sistema de comunicación mundial y sacar propuestas de mejoras, como tienen que ser los protocolos de acción inmediata, de freno del mal, sin caer en el cerrar todo.

El gobierno mundial necesita pensadores en estrategias, no de guerra, sino de salvación.