Jesús Alberto García Riesco

Sr. Jesús Alberto García Riesco

Jesús Alberto García Riesco, coronel del Ejército de Tierra, miembro de la Asociación Española de Militares Escritores y colaborador de la Real Academia Europea de Doctores (RAED), analiza la actual línea de pensamiento que desafía a la modernidad y sus instituciones y deviene en lo que considera un peligroso cinismo destructivo en la ponencia «Posmodernismo y seguridad europea», que se incluirá entre los trabajos presentados durante el X Encuentro Académico Internacional que la Real Corporación celebró entre los pasados 15 y 20 de marzo en diversas ciudades alemanas bajo el título genérico «El Rin como corriente del conocimiento: diálogos transfronterizos». Para el experto, la posmodernidad desafía la pretensión de conocimiento universal de la Ilustración y la visión de que la ciencia puede alcanzar la verdad al considerar que la historia es una construcción ideológica basada en metanarrativas.

«El posmodernismo identifica la existencia de muchas realidades y se niega a reconocer no solo la existencia de leyes universales y grandes teorías, sino la consistencia de cualquier idea. Al no aceptar el pensamiento racional, elimina el fundamento sobre el que se asientan los valores de la modernidad. Europa debe estar preparada para enfrentarse a un conflicto de alta intensidad en el que, al igual que ocurrió en las guerras mundiales del siglo XX, precisará movilizar los corazones y las mentes de los ciudadanos. Sin embargo, las sociedades libres carecen de la necesaria resiliencia para superar las dificultades de un conflicto, porque el posmodernismo no considera a la sociedad como una comunidad regida por un propósito común, sino como una suma de individuos aislados que buscan su propia gratificación», resume el experto su aportación.

Según el autor, el posmodernismo surgió tras la Segunda Guerra Mundial como un movimiento intelectual que cuestiona las grandes narrativas, las leyes universales y la racionalidad, considerando que no existe una única verdad, sino realidades múltiples y relativas, y al promover un individualismo hedonista.

Esto ha generado lo que define como adormecimiento colectivo que debilita la resiliencia necesaria para enfrentar amenazas existenciales. García Riesco advierte, asimismo, que mientras Europa debe prepararse para movilizarse como en las guerras mundiales del siglo XX, las sociedades posmodernas carecen de la voluntad de sacrificio. Tras la Guerra Fría, el continente se refugió en la teoría de la paz democrática y en la ilusión de que el comercio, las instituciones internacionales y la tecnología harían obsoleta la guerra convencional.

Para el experto, los datos presentados son elocuentes. La confianza en las instituciones es baja en países como el Reino Unido (39%), Alemania (45%) o España (46%). Menos de la mitad de los europeos estaría dispuesto a luchar por su país. El apoyo a Ucrania es desigual y, en muchos casos, tibio. Los ejércitos europeos se han reducido drásticamente desde 1990: Alemania perdió el 85% de sus grupos de combate; Italia, el 66%, y Francia, el 58%. Los efectivos totales cayeron de dos millones a menos de 800.000. Problemas de reclutamiento, altas tasas de abandono en Francia, Alemania o Reino Unido y una fobia a las bajas completan el panorama de debilidad. En contraste, Finlandia destaca por su modelo de defensa integral: reclutamiento universal, alta conciencia ciudadana y capacidad de movilizar rápidamente a cientos de miles de reservistas, fruto de una memoria histórica de supervivencia.

El autor concluye que Europa vive una peligrosa ilusión de paz eterna y poder blando. El posmodernismo la ha dejado moralmente desarmada, fragmentada por divisiones internas y dependiente de la tecnología y de aliados externos. Sin recuperar una narrativa común, valores compartidos y una sólida conciencia de defensa inspirada en figuras como George Marshall el continente corre el riesgo de no poder responder a una amenaza convencional, como la rusa. García Riesco apela, ante este panorama, a un nuevo contrato social que informe a los ciudadanos de los peligros reales y restaure la solidaridad y la disposición al sacrificio, antes de que sea demasiado tarde. Su diagnóstico, respaldado por referencias académicas y estadísticas recientes, plantea un debate incómodo pero necesario sobre el futuro de la seguridad europea en un mundo cada vez más incierto.