
Pez ‘Serranus scriba’, conocido como serrano o vaquita
El proyecto de observación y protección de la biodiversidad marina Silmar, gestionado por la Unidad de Medio Ambiente y Ecología de la Fundación Pro Real Academia Europea de Doctores, ha presentado el último informe de actividad de la estación de seguimiento marino La Cima, situada en el litoral de Castell-Platja d’Aro, en la Costa Brava. El documento resume los trabajos de observación, diagnóstico ecológico y seguimiento de bioindicadores realizados durante 2025 en uno de los enclaves submarinos de mayor interés ecológico de la zona.
Para Miquel Ventura, director de proyectos de la Fundación Pro Real Academia Europea de Doctores y responsable de Silmar, los resultados muestran una doble lectura: por un lado, señales claras de deterioro en organismos sensibles al calentamiento y a la degradación crónica; por otro, evidencias de resiliencia en hábitats estructurantes como las praderas de Posidonia oceánica. «La Cima sigue siendo un enclave submarino de alto valor ecológico, pero cada año exige una gestión más activa, precisa y responsable», señala Ventura.
El informe destaca la vulnerabilidad creciente de colonias de corales y gorgonias como ‘Eunicella singularis’, ‘Cladocora caespitosa’ y ‘Leptogorgia sarmentosa’, donde se han observado reducción de tallas, necrosis apical, epifitismo y mortalidad parcial. Estos síntomas reflejan una pérdida progresiva de resiliencia del precoralígeno frente a episodios de calor, patógenos y especies oportunistas. En contraste, las matas control de ‘Posidonia oceanica’ mantienen densidades, aspecto general y actividad fisiológica compatibles con un buen estado ecológico, sosteniendo funciones clave como la producción de biomasa y oxígeno, la fijación de CO₂, el refugio de biodiversidad y la estabilización del sedimento.

Voluntarios Silmar, estación La Cima
El estrés térmico se confirma como el gran multiplicador de impactos. El aumento de la temperatura media del agua y las olas de calor marinas incrementan el riesgo de mortalidad, enfermedad y pérdida de cobertura en especies sensibles. Además, favorecen la expansión de especies invasoras u oportunistas como ‘Codium fragile’, ‘Asparagopsis armata’ y, especialmente, ‘Lophocladia lallemandii’, que crece con rapidez durante la primavera y el verano. A ellas se suman especies de interés como ‘Oculina patagonica’ y ‘Percnon gibbesi’, cuya evolución debe seguirse con atención.
Ante esta situación, Silmar propone reforzar la monitorización estacional, establecer umbrales de alerta, mejorar la detección temprana de especies invasoras y reducir las presiones locales que sí pueden gestionarse: pesca recreativa intensiva, fondeo, navegación poco responsable, residuos y frecuentación turística mal ordenada. «La conservación marina ya no puede depender solo de la sensibilidad ambiental: necesita datos, financiación, corresponsabilidad y capacidad real de actuación», añade el informe.
Este enfoque adquiere una relevancia especial para los sectores turístico y náutico, que dependen directamente de la calidad del paisaje litoral, de la transparencia del agua, de la biodiversidad marina y del atractivo natural de la costa. «Estos activos no son decorado: son capital natural. Generan valor económico, reputación territorial, bienestar, empleo y actividad empresarial. Sin embargo, durante décadas muchas actividades económicas han utilizado estos servicios ecosistémicos sin reinvertir de forma proporcional en su conservación», explica Ventura.
La nueva hoja de ruta de la Unión Europea hacia los denominados Nature Credits apunta precisamente en esta dirección: reconocer, verificar y financiar acciones que generen resultados positivos para la naturaleza. Este modelo busca movilizar inversión privada complementaria a la financiación pública, bajo criterios de integridad científica, transparencia y trazabilidad. «Europa empieza a construir un mercado donde conservar, restaurar y mejorar la naturaleza podrá convertirse en una inversión verificable, no en un gesto simbólico», asegura el boletín.
En este contexto, Silmar trata de adelantarse a su tiempo. Desde hace más de una década aplica en el litoral mediterráneo el mismo principio que ahora impulsa Europa: medir el estado de los ecosistemas, interpretar su evolución, comunicar los resultados y promover inversión responsable para conservar el capital natural. La estación La Cima demuestra que una red local de seguimiento puede convertirse en una herramienta estratégica para la gestión adaptativa, la educación ambiental, la ciencia ciudadana y la futura economía de la naturaleza.
El proyecto Silmar fue reconocido con el Premio Talent 2024 en la categoría «Biotech, química y ciencias de la vida» por su contribución al conocimiento de la biodiversidad marina y a la toma de conciencia sobre el impacto humano en mares y océanos. En 2025, el proyecto ha reforzado su red de estaciones y protocolos de estudio para obtener datos más precisos en un contexto de presiones crecientes derivadas del cambio climático, la contaminación y el uso intensivo del litoral. «Proteger el mar no es solo una obligación ética: es una inversión inteligente en el activo natural que sostiene la economía, la identidad y el futuro de los territorios costeros», concluye Ventura.
Informe Silmar estación «la Cima» Castell – Platja d’Aro 2025

El equipo Silmar durante la instalacion de un tansecto submarino