Isidro Fainé, presidente de la Fundación Bancaria La Caixa, de CriteriaCaixa, de la Confederación Española de Cajas de Ahorros y del Instituto Mundial de Cajas de Ahorros y Bancos Minoristas, vicepresidente de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras y académico emérito de la Real Academia Europea de Doctores (RAED), apela a un nuevo modelo de gestión empresarial en el artículo «Por un liderazgo humanista», que publicó en el suplemento económico «Dinero», del diario «La Vanguardia», el pasado 22 de febrero. Para este reconocido gestor y filántropo, el actual contexto social exige un liderazgo renovado y comprometido con las personas, que supere enfoques exclusivamente técnicos o instrumentalistas y ponga en el centro el valor intrínseco del ser humano. Según Fainé, el líder contemporáneo ya no debe limitarse a maximizar resultados o eficiencia, sino que debe incorporar en su gestión ejemplaridad, compromiso social y una clara orientación humanista.

Isidro Fainé

Dr. Isidro Fainé – Press Cambrabcn, CC BY-SA 2.0, via Wikimedia Commons

«Quienes dirigimos organizaciones debemos movernos entre los riesgos y las incertidumbres, sin perder de vista las oportunidades, para anticiparnos a los cambios del mercado sin renunciar a la confianza en nuestras capacidades. En este contexto, directivos y empresarios debemos tener la responsabilidad de marcar un liderazgo consciente, comprometido y humano. Hoy se espera de los líderes empresariales no solo eficiencia, sino ejemplaridad y compromiso social. La legitimidad del liderazgo empresarial se construye cada vez más desde esa utilidad social, desde su capacidad de generar no solo beneficios económicos, sino también bienestar colectivo. Este papel del empresario y del directivo requiere del apoyo de las políticas públicas. Somos agentes de cambio que arriesgamos, innovamos y creamos empleo digno, pilar del bienestar de las personas», expone Fainé en su argumentación.

«El líder emocionalmente inteligente actúa con conciencia, sensibilidad y visión de largo plazo. Liderar no es imponer, sino proponer; no es mandar, sino escuchar, convencer y servir. Liderar en positivo es abrir el corazón, cultivar buenos hábitos y guiar al equipo. El liderazgo no es posición de dominio, sino de servicio. Se lidera con el ejemplo. El coraje, el inconformismo y la ambición bien entendida deben nacer de nuestro interior. El rigor directivo culmina en decisiones que combinan inteligencia e intuición, realismo e imaginación, serenidad y determinación. Implica conocerse a uno mismo, asumir las limitaciones propias y las del entorno, mantener siempre los pies en el suelo», añade.

El académico cita los fenómenos que marcan el inicio de un nuevo ciclo que debe trasladarse a la gestión: la consolidación de la integración europea, el aumento de las desigualdades sociales, la polarización política, la persistencia de conflictos geopolíticos, el avance del cambio climático, las transformaciones demográficas y el impacto acelerado de la revolución tecnológica. Estas fuerzas, considera, no sólo están redefiniendo el orden internacional, sino también la manera en que se gestionan las organizaciones y las economías. A ello se suman unos avances tecnológicos marcados por el predominio creciente de la inteligencia artificial, con el riesgo de relegar como protagonista de la economía y la sociedad al ser humano y a su bienestar. «El futuro de nuestras empresas, y la prosperidad de la sociedad, no lo determinarán únicamente las máquinas, los mercados o las regulaciones. Dependerá de nuestra capacidad humana para pensar y obrar con sentido, con sabiduría, con propósito. En definitiva, de nuestra voluntad de liderar poniendo algo más que estrategia y técnica: poniendo el alma», concluye.

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