Francesc Torralba

Dr. Francesc Torralba

Francesc Torralba, director de la Cátedra Ethos de Ética Aplicada de la Universidad Ramon Llull y de la Cátedra de Pensamiento Cristiano del Obispado de Urgell, miembro del Dicasterio de Cultura y Educación de la Santa Sede y académico de número de la Real Academia Europea de Doctores (RAED), protagoniza el último número de la revista «Vida Nueva», el 3.445, correspondiente a la semana del 7 al 13 del pasado mes de febrero. El académico ha sido objeto a lo largo de las últimas semanas de diversas entrevistas y reportajes, tras ser galardonado con el Premio Josep Pla que otorga la editorial Destino por la obra «Anatomia de l’esperança», en el marco de la tradicional gala que se celebra el Día de Reyes en Barcelona. La obra explora los mecanismos que sostienen el espíritu humano cuando todo parece perdido a través de la filosofía, la literatura y la experiencia humana y que ahonda en la materia de sus dos anteriores publicaciones, «La Paraula que em sosté» y «No hi ha paraules. Com assumir la mort d’un fill», donde comparte el duelo por la trágica muerte de su hijo Oriol, de 26 años, en un accidente en la montaña durante una travesía en la que él le acompañaba.

En una amplia charla con el periodista José Luis Celada, Torralba reflexiona sobre el sentido, el valor y la necesidad de la esperanza en el contexto actual, marcado por el desencanto, la inmediatez y el individualismo. Para el filósofo, la esperanza es esencial para la vida humana, ya que impulsa la acción, el compromiso y la capacidad de superar la fragilidad personal y social. «No esperar nada es como morir en vida», afirma, porque la esperanza permite proyectarse hacia el futuro y encontrar sentido incluso en medio del sufrimiento. En este sentido, el autor identifica cuatro elementos fundamentales de la esperanza: la posibilidad de cambio, la confianza en el futuro, la fe entendida como confianza, y la conciencia de que el bien es difícil y requiere esfuerzo, paciencia y compromiso comunitario, rechazando la visión de la esperanza como optimismo ingenuo y la presenta como una actitud activa y perseverante.

Asimismo, el académico advierte que la cultura contemporánea, dominada por la inmediatez y el pesimismo, dificulta el cultivo de la esperanza, que sólo puede desarrollarse con tiempo, constancia y vínculos comunitarios, ya que el ser humano no puede sostenerse sin apoyo en situaciones límite. Torralba también critica la nostalgia y el derrotismo que predominan en la sociedad actual, y subraya la necesidad de construir horizontes de sentido que permitan combatir el nihilismo y el cinismo. Según él, el mayor problema de nuestro tiempo es la pérdida de propósito, lo que conduce a la desesperanza. Por ello concluye que hoy en día sobran cínicos y faltan testigos de esperanza, es decir, personas capaces de vivir y transmitir una esperanza creíble y comprometida.

«Vida Nueva» dedica también su editorial y un artículo de opinión a la figura y la obra de Torralba. «A través de sus obras, artículos, conferencias o conversaciones, Torralba se ha erigido, sin buscarlo, en faro de un humanismo cristiano huérfano de intelectuales que sepan promover un diálogo fe-razón que esté conectado en la realidad actual, sin pontificar ni polarizar. Un pensamiento vacunado contra los titulares efectistas y los consejos banales propios de un coach que busca atesorar clientes o de un ‘influencer’ que acumula seguidores a costa de frases hechas de consumo rápido y nula profundidad», señala el editorial de la publicación. Por su parte, Josep Otón destaca en su habitual tribuna en la revista la trayectoria del autor. «Podríamos pensar que semejante altura intelectual le alejara de lo cotidiano, de la experiencia de la vulnerabilidad de la existencia. Todo lo contrario. En Torralba encontramos una preocupación constante por la contingencia del devenir humano. Detrás de este más que impresionante currículum se encuentra alguien profundamente involucrado con la condición humana y, es más, plenamente consciente del valor de la debilidad, algo constitutivo del ser persona», afirma.

Docente y divulgador del humanismo cristiano en importantes medios de comunicación catalanes como Catalunya Ràdio y los diarios «La Vanguardia» y «El Punt Avui», el académico es autor de libros destacados como «El sentit de la vida» (2008), «No passeu de llarg» (2010), «El valor de tenir valors» (2012), «Un mar d’emocions» (2013), «Córrer per pensar i sentir» (2015), «Saber dir no» (2016) o «Món volàtil» (2018). Durante la pandemia, Torralba publicó los libros «Humildad», «Paraules de consol. En la mort d’un ésser estimat», «Formar personas. La teología de la educación de Edith Stein»«Vivir en lo esencial. Ideas y preguntas después de la pandemia», «L’ètica algorítmica», que fue galardonada con el Premio Bones Lletres de Ensayo Humanístico que otorgan la Real Academia de Buenas Letras y la editorial Edicions62; «La façana de la Glòria de la Sagrada Família. Fonts espirituals i teològiques de l’escatologia d’Antoni Gaudí», fruto de su cuarta tesis doctoral; «Cuando todo se desmorona. Meditar con Kierkegaard» (2023), «No hi ha paraules. Com assumir la mort d’un fill» (2024) y «Benaurances per a agnòstics» (2024). Fue reconocido con el Premio Ratzinger 2023, otorgado por la Fundación Vaticana Joseph Ratzinger-Benedicto XVI.