
Dr. Pablo Umbert
Pablo Umbert, director del Servicio de Dermatología Pablo Umbert en la Clínica Corachan de Barcelona, académico correspondiente de la Real Academia de Medicina de Cataluña, académico de honor de la Sociedad Catalana de Dermatología y académico de número de la Real Academia Europea de Doctores (RAED), publicó el pasado 10 de junio en el canal Salud&Vida de la edición digital del diario «La Vanguardia», el artículo «Pigmentaciones faciales simuladoras de malignidad», en el que aborda la importancia de determinar el origen e importancia de las diferentes manchas o pigmentaciones que afloran en la cara para descartar su malignidad.
«La cara, a diferencia de otras superficies cutáneas, es un terreno resbaladizo en dermatología. Concentra folículos pilosebáceos, melanocitos (responsables de la pigmentación), capilares y daño actínico. Esta combinación favorece la pigmentación, que puede desafiar el diagnóstico, el pronóstico y el tratamiento, e incluso simular lesiones malignas. Por eso, la imagen clínica no siempre es suficiente. En ocasiones es necesario el dermatoscopio con luz polarizada (epiluminiscencia), para visualizar estructuras previamente invisibles. Además, el historial de la lesión debe de ser coherente con el diagnóstico probable. Cuando hay dudas razonables se impone la biopsia (con resultado en días), o, en algunos centros, el procedimiento DIC (diagnóstico inmediato cutáneo) permite un diagnóstico en minutos. En raras ocasiones requiere el procesamiento del tejido biopsiado, técnicas de inmunohistoquímicas, que identifican proteínas específicas de marcadores de células tumorales», explica el experto.
El académico repasa de forma sucinta las diferentes afecciones más comunes, como las queratosis seborreicas pigmentadas, comunes a partir de la mediana edad; las hiperpigmentaciones posinflamatorias, reacciones benignas sin riesgo después de un eczema, quemadura o picadura de insecto; el lentigo solar, frecuente en personas adultas con hábitos de exposición solar; el lentigo maligno, que se da en personas mayores y conlleva riesgo de malignidad; el melanoma, de evolución rápida y también con riesgo de evolución maligna, o las queratosis actínicas pigmentadas premalignas, lesiones secundarias al daño solar.
El experto aconseja mantener la calma y no alarmarse ante la aparición de cualquier signo cutáneo, aunque sí mantener un seguimiento, recordando que las lesiones de clara benignidad clínica no requieren tratamientos a no ser que sea por motivos estéticos. «La clave está en equilibrar prudencia y precisión, anamnesis, dermatoscopia y, si hay duda, biopsia o DIC. La fotoprotección y el seguimiento, en especial en las personas de riesgo, son vitales», concluye Umbert.