Francisco López Muñoz
Profesor de Farmacología y vicerrector de Investigación y Ciencia y director de la Escuela Internacional de Doctorado de la Universidad Camilo José Cela. Académico de número de la Real Academia Europea de Doctores-Barcelona 1914 (RAED)

Artículo publicado en el portal académico The Conversation el 25 de abril de 2021 y en el «Diario de Navarra» el 26 de abril de 2021 y entrevista radiofónica emitida por Radio Nacional el 8 de mayo de 2021

Francisco López Muñoz, profesor de Farmacología de la Universidad Camilo José Cela y académico de número de la Real Academia Europea de Doctores-Barcelona 1914 (RAED), aborda el debate sobre la base biológica de los comportamientos violentos y su intervención farmacológica en el artículo «Así funciona el cerebro de las personas agresivas y violentas», publicado en el portal académico The Consersation el pasado 25 de abril y, un día después, por el «Diario de Navarra». El académico firma este artículo junto a Cecilio Álamo, catedrático de Farmacología de la Universidad de Alcalá. López Muñoz analiza también este asunto en el programa «Inquietamente, mente inquieta», de Radio Nacional de España, emitido el pasado 8 de mayo.

Dr. Francisco López Muñoz

Dr. Francisco López Muñoz

«Las conductas agresivas y violentas constituyen un problema de gran envergadura en la sociedad actual. Se estima que su prevalencia en la población general es del 25 % y se ha constatado que el sujeto agresivo suele estar incapacitado para mantener unas adecuadas relaciones sociales, laborales y familiares. A pesar de su trascendencia, la naturaleza íntima de las conductas agresivas es bastante desconocida. Su génesis es múltiple: participan factores ambientales, de predisposición hereditaria y neurobiológicos. Durante las tres últimas décadas se han multiplicado las investigaciones neuroanatómicas y neuroquímicas que han tratado de dar luz al conocimiento de las bases biológicas de la agresividad», presentan los dos autores en The Conversation y «Diario de Navarra» una cuestión que se lleva estudiando desde hace más de un siglo, siendo objeto recurrente de la agenda pública, sin que se hayan obtenido avances significativos, aunque tanto la Psiquiatría y Psicología como la Farmacología ofrezcan ya respuestas, diagnósticos y tratamientos efectivos sobre algunos comportamientos violentos.

En este sentido, ambos estudiosos explican cómo hace ya más de 40 años se demostró que las conductas agresivas en el humano se relacionaban con alteraciones en el área límbica y en los lóbulos frontales y temporales. Más recientemente, gracias al desarrollo de las técnicas de neuroimagen, se ha obtenido información adicional sobre la relación entre la anatomía cerebral y la conducta agresiva. De esta manera se ha encontrado una relación entre la agresividad y las alteraciones del hemisferio dominante y del lóbulo temporal izquierdo. Además, otras zonas del cerebro, como el hipotálamo, la amígdala, el lóbulo frontal y la corteza cingulada, ejercerían un papel modulador de estas conductas. Estas técnicas de neuroimagen también han confirmado una disminución del volumen de la sustancia gris en la corteza orbitofrontal en un grupo de delincuentes violentos y criminales psicópatas.

«Conocemos muy pocas cosas al respecto y hace décadas que tratamos de conseguir un diagnóstico claro para poder actual sobre ellas y hemos fracasados con muchos fármacos. Sí sabemos, por ejemplo, que se producen algunas alteraciones en el cerebro de personas violentas, como en el área límbica, que está relacionada con un tipo de actuación violenta, y sabemos que la corteza prefrontal sufre un deterioro en personas con este tipo de comportamientos», dijo el académico en Radio Nacional.

«Donde más hemos avanzado es en determinar la participación de los neurotransmisores en este tipo de conductas, especialmente de la serotonina en los intentos de suicidio y en niveles muy bajos en individuos muy violentos. Hay ciertos fármacos que permiten controlar estas conductas, especialmente en los receptores de esta hormona o los que reducen la presencia de hormonas masculinas estimuladas con anabolizantes», añadió.

López Muñoz y Álamo concluyen que aunque las circunstancias ambientales (cultura, abuso de sustancias, deficiencias económicas, accesibilidad a las armas…) pueden condicionar una sociedad violenta, donde las conductas agresivas se manifiesten con más frecuencia, los estudios experimentales con modelos animales y los estudios clínicos con humanos han podido constatar fehacientemente el papel de ciertas alteraciones neurobiológicas en estos tipos de conductas. «Este conocimiento, a pesar de los fracasos previos, puede abrir las puertas a un futuro próximo, en el que se pueda controlar terapéuticamente la agresividad y la violencia», aseguran.

 

Leer el artículo en The Conversation

Leer el artículo en «Diario de Navarra»

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