August Corominas, profesor de Fisiología Humana de la Universidad de Murcia y de la Universidad Autónoma de Barcelona y académico emérito y miembro del Senado de la Real Academia Europea de Doctores-Barcelona 1914 (RAED), presenta a la comunidad académica su artículo «Antropofagia», que firma junto al recordado Josep Maria Corominas. En el ámbito de los estudios prehistóricos y antropológicos, el académico ha publicado en esta misma newsletter el estudio «La paleonutrición y el origen de la dieta mediterránea», recogido en dos partes (leer la primera parte, leer la segunda parte)

Antropofagia

Durante el Paleolítico medio hay los primeros índices de antropofagia. ¿Cómo ha podido surgir la idea de comerse a los propios individuos humanos?

Consideramos que la costumbre se inició al comerse los sesos y la médula ósea de los animales, sean herbívoros o carnívoros. Esto conduciría a la humanidad a la deducción de que también serían comestibles el encéfalo y los tuétanos de los demás hombres, y más si eran enemigos o muertos en combate. Por esto fueron incluidos dentro de una alimentación accidental los restos de quienes morían bajo una acción violenta en lucha o accidental.

Pensamos que la idea primordial sería asimilar el sistema nervioso y medular, en crudo, y que más tarde asimilarían como etapa posterior el sistema muscular. Por esto se encuentran restos óseos en las excavaciones, con los huesos del cráneo y los huesos largos.

La idea psicológica de que la asimilación de un determinado animal proporciona, al individuo que la consume, las características vitales más acentuadas que ellos aprecian, conduce como norma lógica a creer que la asimilación de carnes o productos orgánicos de seres humanos, que en parte reconocen como seres superiores, han de proporcionarles una superioridad más alta que la suya propia. En el fondo, es el reconocimiento de una inferioridad personal, que cree poder superarse mediante una nutrición de otro ser de categoría más elevada.

Se distinguen tres tipos de antropofagia: la primera, canibalismo, que ocasiona la muerte violenta de otro hombre para comer sus carnes y los órganos internos. Esta puede ser una costumbre tribal. Existe otro tipo de canibalismo obligado en circunstancias especialísimas al carecer totalmente de otros alimentos.

La segunda es la necrofagia, que consiste en comerse la carne e incluso los huesos de los miembros fallecidos de muerte natural de su misma tribu, con el fin de evitar la putrefacción de sus cadáveres y asimilar las virtudes del desaparecido.

Y la tercera es la antropofagia ritual, que es la más común de todas. Forma parte de un rito mágico-religioso-terapéutico. Es un rito complejo y es el mago de la tribu el que indica quién, cómo y en qué circunstancias el sujeto va a consumir la carne. Hay que aguardar a disponer de un cadáver adecuado para la ceremonia. Generalmente, se administra una parte de las fibras musculares de las nalgas o los muslos.

Los restos humanos del Sinanthoropus de Choukou-Tien serían los primeros registros antropófagos, puesto que en ellos se han visto que existía un engrandecimiento artificial del agujero occipital para extraer el cerebro y fracturas intencionadas en las diáfisis de los fémures para extraer la médula.

Sonneville-Bordas cree que el hallazgo de muchos de los huesos humanos de Neandertal pueden ser atribuidos al canibalismo o culto al cráneo. El cráneo del monte Circeo descansaba en el suelo envuelto en un círculo de piedra y de huesos de animales. Otro cráneo tenía una herida en el arco surciliar y el agujero occipital agrandado como para haberle sido sacado el cerebro. En la Quina, los restos estaban esparcidos, rotos en pequeños trozos. En Krapina había una decena de cráneos dispersos, algunos fragmentos craneales estaban calcinados y había fragmentos de mandíbulas y 144 dientes aislados.

Henry de Lumley, en las excavaciones efectuadas en la cueva del Hortus, encuentra numerosos restos humanos muy fragmentados y repartidos por toda la cueva. Después de examinar las posibilidades sobre si se trataría de antiguas sepulturas removidas o de cadáveres abandonados en la superficie del suelo y que las hienas hubieran desparramado, llegó a la certeza de que no eran estas circunstancias, sino que era a causa de la antropofagia.

Queda la posibilidad de que sean restos de cocina. Efectivamente, los datos estadísticos del número de dientes, falange, epífisis y diáfisis rotos guarda la misma proporción de los huesos humanos con los de los animales. De ahí que se incline por la práctica de un canibalismo. Los huesos largos humanos están partidos longitudinalmente como los de los animales para rescatar la médula ósea. Se encontraron en esta cueva dos mandíbulas Neandertales, una de niño y otra de adulto, falanges, falanginas, vértebras lumbares y unos 50 dientes aislados.

En el abrigo bajo roca de Krapina en Croacia se han descubierto más de 500 fragmentos óseos neandertalenses, rotos y quemados, 10 huesos largos habían sido abiertos a lo largo.

August Corominas Vilardell

Dr. August Corominas

Henri Martin, en la cueva de la Quina (Charente), descubrió huesos humanos rotos y dispersos, de individuos diferentes, que no formaban sepultura, lo que le indujo a admitir que se trataba de canibalismo. También Vallois llega a la misma idea del canibalismo al estudiar los huesos humanos de la cueva Montseprou. A iguales conclusiones se llega en la cueva de Puymoyen en Charente. En la cueva de Crouzade hay pocos restos humanos, consistentes en un húmero izquierdo de un adolescente y dos falanges. A mayor abundamiento también se pueden citar los restos de antropofagia hallados en Taubach-Ehringsdorf (Weimar).

Sobre el problema de si la antropofagia es únicamente un rito o es originada por un déficit de alimentos proteicos, completamos estas notas indicando que los antiguos aztecas precolombinos practicaban con frecuencia sacrificios humanos, entregándose luego a la antropofagia. Se ha supuesto que el canibalismo era obligado por el hambre de una alimentación insuficiente.

Los estudios realizados por Ortiz de Montellanos demuestran que los antropófagos aztecas únicamente comían la carne de brazos y piernas, que representan a la hora de ser ingeridas solo 1,81 kilos. Que para una población tan numerosa como la centroamericana era una aportación proteica bien insignificante. Considera el autor que la antropofagia tiene un significado ritual y religioso más que el de una alimentación normal. Es cierto que la alimentación de los antiguos aztecas carecía de animales herbívoros domésticos. Además, tenían tabús que les impedían comer animales como la vicuña, que vive en estado salvaje. Tenían como alimentos principales el maíz y las judías. Era una dieta rica en vegetales a la que añadían algunos animales como armadillos, serpientes, comadrejas, ratones, iguanas, perros, pavos, venados, peces, salamandras, moscas de agua, escarabajos de agua, huevos, larvas de libélula, etc …

Actualmente, existen varias tribus caníbales, las más peligrosas son las del hombre leopardo en África Occidental, los korowai de Papúa-Nueva Guinea, los monjes aghori de India, los wari de Brasil y los anahuacas de Perú.