
Sr. Jesús Alberto García Riesco
Jesús Alberto García Riesco, coronel del Ejército de Tierra, miembro de la Asociación Española de Militares Escritores y colaborador de la Real Academia Europea de Doctores (RAED), alerta sobre el desfase en la estrategia de seguridad de los países occidentales ante el nuevo modelo bélico en el artículo «Déficit de Occidente en el campo de batalla transparente», publicado el pasado 15 de agosto en el diario digital La Crítica. El experto publicará la la ponencia «Posmodernismo y seguridad europea», en la que explica cómo la posmodernidad desafía la pretensión de conocimiento universal de la Ilustración, en el libro que recogerá los trabajos del X Encuentro Académico Internacional que la Real Corporación celebró entre los pasados 15 y 20 de marzo en diversas ciudades alemanas bajo el título genérico «El Rin como corriente del conocimiento: diálogos transfronterizos»
Para el García Riesco, en el nuevo campo de batalla, la vigilancia persistente de drones, sensores y redes de datos convierte la superficie en una zona de muerte. Ocultarse es cada vez más difícil, moverse es más letal y adaptarse deja de ser una ventaja para convertirse en condición de supervivencia. La guerra electrónica degrada las comunicaciones y la inteligencia artificial empieza a asumir funciones de mando y control. Los drones baratos dominan el espacio del frente y retaguardia y amenazan con operar en formaciones autónomas que coordinan sistemas aéreos, terrestres y marítimos en tiempo real. El combatiente queda aislado en refugios o forzado a incursiones de alto riesgo, atrapado entre el miedo y la impotencia.
Rehuyendo cualquier atisbo de fetichismo tecnológico, García Riesco señala que el dron es un escalón, no toda la guerra. La transparencia se sostiene en sensores, fuegos de precisión y redes fiables; después vuelven a entrar la artillería y, al final, la infantería humana. La fuerza terrestre sigue siendo imprescindible para conquistar y retener terreno. Ucrania lo ilustra: no es sólo una guerra de drones, sino un conflicto complejo en el que esos sistemas han ganado protagonismo. Sin embargo, las interferencias rusas ya recortaron el éxito inicial del disruptivo dron Bayraktar TB2 y de proyectiles de precisión como el Excalibur. Nuevos sistemas antidrones, en especial los láseres, y la capacidad de cegar satélites pueden devolver peso a las tropas de tierra. Otra consecuencia de este nuevo escenario es el denominado giro subterráneo. Combatir a cielo abierto es tan expuesto que la maniobra tiende a bajar bajo tierra, soterrando itinerarios logísticos, puestos de mando y sanitarios, ya que la superficie se vuelve invivible.
El problema de fondo para Occidente, según García Riesco, no es sólo el material: es el tempo. Drones, sensores, electrónica, industria y táctica se revisan en semanas. Los ciclos de adquisición de la OTAN, de unos 20 meses, ya no sirven. Ucrania ha acortado esa cadena con ingenieros en primera línea, producción masiva de sistemas no tripulados y el sistema Delta, que fusiona datos de tierra, mar y aire para emplear masa barata contra plataformas occidentales escasas y caras. Rusia, con Rubikon y las maniobras Zapad 2025, ha centralizado investigación, análisis, compra y empleo de drones, y ha puesto el acento en pequeñas unidades, ataques a puestos de mando, bases y logística. Para competir con ese bloque, señala el experto, a Occidente no le basta con comprar más gadgets. Necesita otra cultura de mando, unidades nuevas, defensa aérea y guerra electrónica como prioridad, producción escalable de drones y, sobre todo, organizaciones capaces de aprender, decidir, fabricar e integrar las novedades más rápido que el adversario.